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¿Qué es el FOGO o miedo a quedarse obsoleto?

FOGO en empresas: como superar el miedo a quedarse obsoleto

En un entorno donde todo cambia a gran velocidad, ha empezado a ganar protagonismo un término que describe una sensación bastante conocida: el FOGO o Fear of Going Obsolete. Se trata del miedo a quedarse atrás, a perder relevancia frente a nuevas tecnologías, nuevas formas de trabajar o incluso frente a perfiles profesionales más actualizados. 

Este miedo no es minoritario, pues según los datos del informe “Global Talent Trends” de Mercer, el 40% de los empleados teme perder su empleo debido a la inteligencia artificial

¿Qué es la obsolescencia?

La obsolescencia es el proceso por el cual algo deja de ser útil, relevante o competitivo. Aunque tradicionalmente se ha asociado a productos, como tecnología que se queda anticuada o dispositivos que dejan de actualizarse, también puede afectarnos a nosotros mismos de manera profesional. Por ejemplo, en sectores que han tenido que reinventarse por completo debido a la digitalización o en perfiles laborales que han tenido que adquirir nuevas competencias para seguir siendo competitivos.

Por tanto, podemos decir que la obsolescencia es parte del ciclo natural del mercado.

¿Por qué surge el FOGO en las empresas?

El FOGO no aparece de la nada, sino que surge como respuesta a un entorno cada vez más incierto y acelerado.

Por un lado, la transformación digital ha impulsado que tecnologías como la inteligencia artificial, el Big Data o la automatización estén redefiniendo procesos, roles y expectativas. Lo que ayer era innovador, hoy puede ser simplemente el estándar.

Por otro lado, el mercado laboral también ha evolucionado. Nuevas generaciones, nuevas competencias y una mayor especialización hacen que la comparación sea inevitable. Las empresas, conscientes de ello, sienten la necesidad de actualizarse continuamente para no perder competitividad.

Además, la globalización y el acceso a la información han aumentado la presión. Hoy por hoy, cualquier cambio en un sector puede tener un impacto inmediato en otro. Y esa sensación de “llegar tarde” es, precisamente, el caldo de cultivo perfecto para el FOGO.

Consecuencias del FOGO en organizaciones y equipos

Aunque el FOGO pueda parecer un motor de cambio, no siempre tiene efectos positivos. De hecho, cuando no se gestiona adecuadamente, puede generar más problemas que soluciones.

Una de las consecuencias más habituales es la resistencia al cambio. Paradójicamente, el miedo a quedarse atrás puede hacer que equipos y organizaciones se aferren a lo conocido, evitando tomar decisiones por temor a equivocarse.

También es frecuente que aparezca el estrés, tanto a nivel individual como colectivo. La sensación de no estar a la altura o de tener que adaptarse constantemente puede generar desgaste emocional.

En otros casos, el efecto es el contrario: decisiones impulsivas. Adoptar tecnologías sin una estrategia clara, invertir en tendencias pasajeras o cambiar de rumbo sin planificación son respuestas habituales al FOGO.

Y en el peor de los escenarios, puede producirse una parálisis estratégica: tanto miedo a decidir mal que, al final, no se decide nada. 

Cómo gestionar el miedo a quedarse obsoleto

Gestionar el FOGO no significa eliminar el miedo por completo, sino aprender a convivir con él y convertirlo en un impulso positivo.

En primer lugar, la formación continua es fundamental. Según el último informe sobre el futuro del empleo 2025 del World Economic Forum, se estima que el 39% de las habilidades laborales actuales cambiarán antes de 2030 debido al avance de la automatización y la inteligencia artificial. Este dato refuerza la necesidad de mantenerse en evolución para reducir la incertidumbre y adaptarse con mayor seguridad al cambio.

A esto se suma la importancia de fomentar una cultura de innovación. No se trata solo de incorporar nuevas herramientas, sino de promover una mentalidad abierta al cambio, donde experimentar y aprender del error sea parte del proceso.

La adaptación tecnológica también debe hacerse de forma estratégica. No todo lo nuevo es necesariamente útil, por lo que es fundamental analizar qué tecnologías aportan valor real al negocio.

Por último, la flexibilidad organizativa es decisiva. Las estructuras rígidas dificultan la adaptación, mientras que las organizaciones ágiles responden mejor a los cambios del entorno.

El papel del liderazgo ante el FOGO

En momentos de incertidumbre, los líderes tienen la responsabilidad de transformar el miedo en confianza. Para ello, es fundamental comunicar con claridad, compartir una visión a largo plazo y ofrecer un marco de estabilidad en medio del cambio.

Además, deben actuar como facilitadores del aprendizaje, impulsando el desarrollo profesional de sus equipos y creando espacios donde la innovación sea posible.

Un buen liderazgo también implica saber priorizar. No todo cambio es urgente ni todas las tendencias requieren una respuesta inmediata. Ayudar a enfocar los esfuerzos es, en muchas ocasiones, más valioso que reaccionar rápidamente.

Beneficios de adaptarse al cambio

Las empresas que consiguen adaptarse suelen ser más competitivas, ya que anticipan tendencias y responden mejor a las necesidades del mercado. Además, fomentan entornos más innovadores, donde las ideas fluyen y evolucionan.

Además, a nivel interno, también se produce un impacto positivo, pues los equipos se sienten más preparados, más seguros y más implicados en el crecimiento de la organización.

Adaptarse al cambio no es solo una cuestión de supervivencia, sino una oportunidad para crecer, evolucionar y construir modelos de negocio más sólidos y sostenibles en el tiempo.

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