Con apenas 30 años, María Velasco-Estévez, una doctora madrileña graduada en Bioquímica y máster en Ciencias Biomédicas, acumula un amplio conocimiento de bioquímica, neurociencia y hematología, que le ha llevado a liderar investigaciones en este campo. En los últimos cinco años ha obtenido cinco becas de investigación, suma alrededor de 20 publicaciones y una decena de premios. Todo esto compaginado con su amor por los animales, colabora con diferentes refugios, su pasión por conocer nuevas culturas a través de los viajes y sus aficiones deportivas, que van desde el senderismo a la danza aérea.
En estos momentos, María Velasco-Estévez disfruta de una de las becas de Cris Talento Future Leaders, otorgada por la Fundación Cris contra el Cáncer y cofinanciada por INFORMA, para el estudio de la Leucemia Mieloide Aguda en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y el Hospital 12 de Octubre.
Tu trayectoria está muy encaminada hacia el mundo de la investigación, ¿cómo surgió esta vocación?, ¿cuándo tuviste claro que era a lo que querías dedicarte?
Ya desde pequeña fui extremadamente curiosa, una cualidad que yo creo que es común a todos los que nos gusta la ciencia. Pero hasta que empecé bachillerato no tomé la decisión de querer dedicarme a la investigación. La biología y la química que estudié en esos cursos me encantó y me di cuenta que lo que realmente me gustaba era la investigación, el estudiar cosas desconocidas y darle una explicación científica a todo. Y ahora, echando la vista atrás, estoy convencida de que fue la decisión correcta porque hoy en día, mi trabajo me apasiona.
Además del trabajo de investigación, también es importante su difusión, que ayuda en la captación de fondos.
La difusión de nuestros proyectos es algo imprescindible, ya no solo para atraer fondos, sino porque la investigación y los avances en el conocimiento pertenecen a toda la sociedad. Creo que tenemos una responsabilidad muy importante de dar a conocer lo que hacemos y los avances que conseguimos, y también es necesario que la sociedad sea consciente de la importancia de la ciencia y que no debemos descuidarla. Desde mi punto de vista, participar en eventos con jóvenes y adolescentes es muy estimulante porque suelen tener muchísimo interés en lo que hacemos y hacen preguntas que consiguen que veas la ciencia, incluso tu propia investigación, con otro punto de vista. Es un sentimiento muy gratificante y sueles salir de los eventos con un chute de energía renovada.
En INFORMA estamos convencidos de la importancia de la investigación para construir un futuro sostenible. Desde hace años colaboramos con la Fundación Cris contra el Cáncer, apoyando su misión y financiación diferentes proyectos, como este estudio de la leucemia mieloide aguda. ¿Cuál es tu experiencia de la colaboración con INFORMA?
Llevo ya casi un año trabajando en este proyecto gracias al apoyo de INFORMA y estoy encantada de poder estar en contacto con una empresa que se implica conmigo no solo a nivel económico a través de la Fundación CRIS, sino que está interesada en el proyecto, en ver sus avances, en si existe alguna necesidad no cubierta, etc. De hecho, este último año he tenido la oportunidad de conocer a Juan Sainz (consejero delegado de INFORMA) y a Ana García (directora de Sostenibilidad y de RRHH), así como a varios empleados que han asistido a eventos en los que hemos coincidido. Creo que es el tipo de colaboración más humana que se pueda establecer y un modelo de colaboración a seguir para muchas otras empresas.

Y, en general, ¿cómo valoras la aportación que hacen las empresas a la investigación?, ¿de qué manera crees que podría mejorarse?
La colaboración público-privada para conseguir la inversión necesaria en ciencia es esencial. Al final, la inversión que puede realizar la administración pública no es suficiente, por lo que se convierte en una responsabilidad compartida entre todos. La pandemia de la COVID-19 ha demostrado los avances tan increíbles que se pueden conseguir en tiempo récord si se invierte el suficiente dinero y esfuerzo, así como el papel imprescindible que tiene la ciencia en nuestra sociedad actual. Por eso es tan importante que todos sigamos apoyando e involucrándonos en la investigación de nuestro país, y las empresas aquí pueden tener un papel y un alcance esencial.
Estableciendo colaboraciones con fundaciones como CRIS contra el cáncer, que es el nexo entre los investigadores y la sociedad civil y empresas, se consigue que esas aportaciones se destinen a proyectos de investigación novedosos y con potencial para traer mejoras a nuestro sistema sanitario.
¿Qué mensaje te gustaría transmitir a la sociedad en general sobre el futuro de la investigación en cáncer?
La previsión de la incidencia de casos de cáncer nos dice que 1 de cada 2 hombres y 1 de cada 3 mujeres serán diagnosticados de cáncer a lo largo de su vida. Esto es como tirar una moneda al aire y echarlo a cara y cruz, pero además teniendo en cuenta que la cara de la moneda que no te toque a ti, le tocará a un familiar, un amigo, a alguien querido. La única manera de cambiar el rumbo de esta historia es con investigación.
Por eso es tan importante que como sociedad nos involucremos con la investigación y la apoyemos. Aunque los investigadores seamos los que ideamos y realizamos estos proyectos, no somos las únicas piezas del puzle: las fundaciones que nos apoyan (como CRIS contra el cáncer), sus socios, todas las empresas y las personas que a nivel individual aportan y apoyan nuestros proyectos, son engranajes clave para el cambio. La investigación es cosa de todos. La investigación es sinónimo de vida, de tener otra oportunidad.
Háblanos un poco sobre tu proyecto de investigación sobre la leucemia mieloide aguda, ¿nos podrías explicar en qué consiste y qué objetivos persigue?
Mi proyecto se centra en la LMA, una de las leucemias más comunes en adultos y con una alta tasa de recaída. Estas recaídas se deben a que algunas células leucémicas son resistentes a los tratamientos actuales e incluso consiguen “camuflarse” en nuestro cuerpo, pareciendo que el paciente ya está recuperado; pero pasado un tiempo, vuelven a multiplicarse y vuelve a aparecer la enfermedad.
Nosotros creemos que hemos identificado una proteína, Piezo1, que participa en este proceso. Piezo1 es una proteína que es capaz de sentir los estímulos mecánicos de su alrededor para que la célula se pueda adaptar a los cambios. Sería como nuestro sentido del tacto, pero a nivel celular. Esto es lo que llamamos “mecanorreceptor”. Hemos visto que esta proteína juega un papel importante en las células madre de la sangre para poder multiplicarse y que decidan si quedarse en un estado de célula madre (una célula indiferenciada con capacidad de multiplicarse más y dar lugar a distintas células) o, por el contrario, diferenciarse en los distintos tipos de células sanguíneas. Cuando este proceso se desregula, la célula madre puede multiplicarse descontroladamente y mantener constante ese estado indiferenciado, dando lugar a las leucemias. Por eso, Piezo1 podría ser una nueva diana para comprender el inicio y la recaída en estas leucemias.
Nuestro objetivo es usar la expresión de Piezo1 para identificar a los pacientes que tienen un mayor riesgo de recaída y además diseñar nuevas terapias frente a esta proteína para que, junto con los tratamientos que ya se dan a los pacientes, consigamos una cura completa de estas leucemias sin riesgo de recaída.
¿Cómo surgió la idea de centrarse en los mecanorreceptores, concretamente en Piezo 1?
Toda mi carrera científica la he centrado investigando sobre la mecanorrecepción, y en concreto Piezo1. Esta proteína se descubrió en 2010 y yo comencé como investigadora tras terminar la carrera en 2014, por lo que aún era un campo inexplorado y que me llamaba muchísimo la atención. El concepto de que nosotros, como seres vivos, somos conscientes de lo que está a nuestro alrededor en el aspecto físico es algo obvio, pero hasta hace 14 años no éramos realmente conscientes de que las células también podían detectar y responder a los estímulos mecánicos, lo cual me parece algo apasionante.
Al principio, empecé estudiando la mecanorrecepción en cerebro y qué papel podía tener en distintas enfermedades, como la esclerosis múltiple o el Alzheimer. Al ver el papel que podía jugar en la inflamación y la diferenciación de las células, unido al hecho de que los tumores son más duros que el tejido sano, hizo que me empezara a preguntar cuál podría ser su papel en tumores cerebrales y tras ver los resultados que obtuvimos en estos tumores, empecé a centrarme en leucemias. Este fue el germen que dio lugar al proyecto como es hoy.
¿Podrías compartir algún avance o hallazgo logrado hasta el momento?
Hemos comprobado que la expresión de Piezo1 es mucho más alta en las células de leucemia mieloide aguda que en las células madre hematopoyéticas sanas, y que además podemos controlar la diferenciación de todas estas células cuando modulamos con fármacos la actividad de Piezo1. Ahora, estamos corroborando que podemos identificar el riesgo de recaída según la expresión de Piezo1 y cómo afecta al resto de nuestro sistema inmune que haya una mayor expresión de esta proteína en las células madre. Esperamos que en los próximos años tengamos un nuevo marcador para poder predecir el riesgo de nuestros pacientes y una nueva diana terapéutica para tratamientos más efectivos.
¿Qué plazos se manejan para la realización de este proyecto?
Este proyecto está diseñado para realizarse en 5 años. Puede que a priori, 5 años parezcan mucho tiempo, pero cuando hablamos de descubrir nuevos mecanismos biológicos o nuevas terapias que posteriormente se puedan llevar a ensayos clínicos, estos son los tiempos mínimos necesarios. Por eso, financiación de larga duración hace que los proyectos ambiciosos se puedan hacer posibles y no se vayan a dejar abandonados por falta de dinero a mitad de proyecto.
En el campo de la investigación sobre el cáncer, ¿cuáles crees que son los principales retos que se enfrentan actualmente?
Hay muchos retos a los que se enfrenta ahora mismo la investigación en nuestro campo. Uno de ellos es en el ámbito de la financiación: una limitación en los recursos destinados a la investigación, que requiere mucha inversión económica, es algo evidente. Pero, además, nos enfrentamos a retos biológicos, como puede ser la heterogeneidad de los tumores, que hace que cada paciente sea un mundo y que nos hace enfocarnos más hacia una medicina personalizada; o la resistencia a los tratamientos actuales que hace que estemos en una búsqueda constante de nuevas terapias para esos pacientes que no responden a las que ya tenemos.
En paralelo, uno de los retos a los que nos enfrentamos como sociedad, es la concienciación de hábitos saludables para prevenir la aparición de tumores. La incidencia de casos de cáncer ha aumentado en los últimos años, y la previsión es que vaya a seguir aumentando. Pero hay factores en nuestra vida que podemos controlar para prevenir su aparición, como es una dieta equilibrada, el consumo de frutas y verduras, ejercicio físico diario y evitar una vida sedentaria, o evitar el consumo de tabaco y alcohol.
¿Tienes nuevos proyectos de investigación para el futuro?
En línea con mi proyecto sobre la Leucemia Mieloide Aguda, me gustaría continuar profundizando en el papel de la mecanobiología en el cáncer. Entender cómo estos cambios físicos del tejido afectan al desarrollo de la enfermedad para poder desarrollar nuevas terapias que ayuden a los pacientes. ¿Qué ventaja supone al tumor que su entorno sea más rígido, como ocurre en muchos tumores sólidos como el de mama o el de cerebro? ¿Podríamos detectar estos cambios en la mecánica de nuestros órganos al inicio del tumor para poder adelantar su detección y tratarlo cuanto antes? ¿Sería una diana terapéutica que ayude a los pacientes? Estas suelen ser el tipo de preguntas sobre las que desarrollo proyectos futuros.



